Pieles de la memoria

Eufonía de sentidos

“Estamos hechos de la misma sustancia que los sueños”

William Shakespeare

Fenómeno diverso y complejo han devenido las artes visuales, ante el llamado de una supuesta postmodernidad. El artista enfrenta, desde una marcada individualidad ideoestética, el difícil reto de conquistar los predios del arte contemporáneo (marcando territorio en el que cobran auge las mixturas técnicas, el performance, el envairoment, el intalacionismo, el video-art). Se transgreden los límites para adentrarse en la esfera de la más pura sensorialidad creativa. Frente al desconcierto, el abandono, sospechas de muerte, entre tanta bruma, se aprecian claros de luz, una emergente pasión pictórica que deviene en exultante búsqueda.

Las obras que conforman la exhibición Pieles de la memoria, del artista visual Javier Ampudia, se yerguen ante el espectador, de manera enigmática. Si bien sus principios formales y conceptuales, no son los mismos que animaron a aquellos creadores de siglos anteriores, aunque en sus raíces se hallen elementos componentes similares, ofrecen soluciones racionales, eficaces, adecuadas a sus circunstancias, con un alto valor estético ¿La razón? El contexto es otro.

Diez creaciones que se nos presentan deudoras del legado abstracto, de figuras geometrizantes, de la polifocalidad, todas ellas marcadas por un lirismo singular. El trazo de las representaciones centrales (signos que devienen obsesivos) advierten un artífice de pinceladas precisas, poseedor de un lenguaje propio que suscita un evidente sosiego. Mientras que los fondos, que oscilan entre grises y negros, revelan estados de ánimo. Ambos, fondo-figura se transforman, sin distinción, en ejes conceptuales de la composición. La realización de un discurso propio e imaginativo, el esmerado trabajo con la palestra cromática y el perfecto acabado de sus obras, combinados con una elevada dosis de imaginación, refleja una sólida preparación artística.

El suplemento verbal, genera un contenido concreto más allá de lo óptico y es que estas esconden tanto significado como sea capaz de atribuirle el espectador, teniendo en cuenta la asociación a las que las someta. El juego de términos presentes, en el título de las obras, son enclaves que establece este joven como recurso creacional. Retorna a la palabra escrita en busca de sueños, de inquietudes, para luego devolvernos todo un entramado visual, traslucido en líneas y colores.

Las obras, vistas estas en su conjunto, trascienden como signo, estructura, valor, como espacio de diálogo, porque el artista lo percibe y lo propone, por ende, dentro de un imaginario. Ampudia proyecta en el lienzo, la emoción que le motiva determinados estados, emociones. Figuras quebradas, estriadas, distorsionadas se muestran, como huellas que quebrantan el olvido, memorias de un sentir; vestigios de besos, de deseos, de angustias, de desconciertos, de vuelos espirituales, de sombras, de tiempos de reflexión. Apela a la memoria, a los recuerdos, al olvido, al decursar del tiempo, a los sistemas asociativos. “El hombre no se baña dos veces en las mismas aguas. No puede hacerlo porque las aguas no son las mismas y porque el ser humano es un sujeto cambiante. Así transcurre el dramático conflicto entre el tiempo y la memoria.” (En Pogolloti. 2014. Pág7) Como ventana entreabierta deja ver, ante los ávidos ojos del espectador, un resquicio su alma y por qué no la nuestra también.

Sus experiencias personales son extrapoladas al lienzo; así, en sus obras se trasluce una recuperación de las historias personales del artífice. Parte de lo privado, de lo individual reflejando en una sensorialidad con alcances ecuménicos. Si bien elabora su propio imaginario, va edificando todo un universo paralelo, suscitando un discurso que transgrede lo epidérmico y privilegia una lectura más aguda.

Ante el hecho creativo se transforma en catalizador de las experiencias vitales, de sentimientos, deseos, “El arte construye metáforas sobre la realidad que abarca desde lo más próximo y cotidiano, hasta todo aquello que tan solo intuimos y que nos cuesta asimilar por su complejidad y magnitud” (En: Abad, 1999, pág.12)

Connotaciones con las que se puede identificar el espectador puesto que el Hombre como productor de signos, está condenado siempre la significación, hasta los espacios de silencio, de recogimiento tienen un significado de acuerdo a su contexto. A tenor trata de confeccionar un espacio que manifiesta la necesidad imperiosa de enfrentar sabiamente la comunicación.

El conjunto de obras seleccionadas presentan como común denominador el rejuego metafórico, el alto nivel de síntesis, condensados todo dentro de un arte conceptual que crea zonas de recogimiento, introspección y autoanálisis. La subjetividad, no solo del individuo creador, sino de la colectividad se ha transformado en necesidad imperiosa de las artes visuales. Creaciones que parte de la autorrefrencialidad, de la experiencia vital, haciendo de los fantasmas personales los del propio público.

Pieles de la Memoria deviene en una caprichosa y pintoresca mixtura de dietario individual, metáfora moral y alegoría mística. El resultado: una exposición diferente, rejuvenecedora y atractiva, una eufonía de sentidos.

“El olvido está lleno de memoria…

En el fondo el olvido es un gran simulacro

Nadie sabe ni puede / aunque quiera / olvidar

Un gran simulacro repleto de fantasmas

El día o la noche en que el olvido estalle

Salte en pedazos o crepite /

Los recuerdos atroces y de maravilla

Quebrarán los barrotes de fuego

Arrastrarán por fin la verdad por el mundo

Y esa verdad será que no hay olvido.”

Mario Benedetti

Lic. Historia del Arte. Claudia Márquez Young

Especialista. Consejo Provincial de las Artes Plásticas.

Pinar del Río, Cuba

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